Prosa poética - Esquivando el Miedo
Las paredes cuelgan sus vacíos,
es la hora del silencio.
Elocuencia tardía para una boca
cosida a golpe de tropiezos.
Impotencia encuentra la venda
cubriendo la herida insensible.
Silencio envilecido que desgarra
un ruido y un asedio.
Enfilados los segundos
hacia el tedio del minuto en su bostezo.
Minutos abrigados de indolencia,
compás de hora ineludible.
Maquilla sus horas el fracaso
con el sabor amargo del recuerdo.
Un respiro reclama el tiempo,
revolver de sarcasmo el mutilado gesto.
Entre la espesura de mi espacio
te escondes tú, inconmovible.
Irrumpes en mi espacio y en mi tiempo.
De nuevo, tú…
No quiero mirarte. Me estremece la idea de encontrar tus ojos, ese brillo hiriente al clavarse en los míos. No, ahora la templanza me dibujaría indefensa en la oscuridad de la noche. Nada me protege de ti. Consciente de mi desamparo, si ahora te mirara, me golpearías con la derrota de nuevo y, como acostumbras, sigilosamente me robarías otro trozo de mí. Sé qué es lo que deseas, ya te conozco, no mientas acallando los ecos de tus intenciones. Vuelves a aprovecharte de mi soledad para acercarte al borde de mi alma.
Por eso no he de mirarte, me adelanto a cubrir mis ojos con las manos. Intento no pensar que sigues ahí, a mi lado, en silencio vibrante, anhelando ansioso cualquier síntoma de debilidad. No, no puedes lograrlo esta vez. ¿Por qué te acercas tanto?
Siento tu respiración; me toca. Presiento tu sonrisa; me llama. Me está envolviendo tu esencia, me reclama. ¿Cómo podría escapar? Mi único escudo es no mirarte, lo sabes. Sólo te imagino. Sólo te recuerdo. Temprano comenzarás a musitar aquel triste canto que un día nos entrelazó. La vieja melodía de letras olvidadas; la que vuelves a escribir con tinta cruenta de reminiscencias sobre mis sienes.
¿Cómo podría escapar? Ya has conseguido rodearme, acaparando mi consciencia con intrépida avidez. Cada vez más cerca, a escasos milímetros. Aprieto aún más mis ojos, hasta que empiezan a dolerme, pero es la única salvación. Y mientras busco alguna escapatoria, te escucho dulcemente cantar… Un sonido reconocible, pero las palabras resuenan lejanas, como si se hubieran distraído en el tiempo.
Tu voz brota suspirando en mi penumbra, voz evocadora de lamentos contenidos que disfrazas con malicia. ¿Cómo escapar? Siento que mis ojos van a estallar. ¿Por qué me acaricias así? Es un contacto tan íntimo que inevitablemente deseo retenerlo. Ya lo sabes, estás demasiado cerca, encadenándome poco a poco. Una duda nace mientras tú sonríes; frío, impersonal, esquivo, pero a la vez absorbente, así atraes mi atención.
Reconozco esta inquietud, mas no debo mirarte, lo sabes. Bajo tu amenaza permanezco sudorosa en nuestro rincón, ansiando liberarme de tus cadenas definitivamente. Hace ya tiempo que sé de ti, y sin embargo, todavía desconozco el lóbrego lenguaje en el que me hablas, todavía no sé pronunciar tu maldito nombre. Ignoro de dónde vienes ni el sentido de tu existencia.
¿Quién eres? Sólo sé de tu lento y acuciante caminar al acecho en los días descolgados que me sobran. De tu infinita paciencia, impasible ante la agonía de mi desesperación. Inexplicablemente, me he acostumbrado a tus inesperadas y fugaces apariciones en mis sueños y en mi realidad, impotente ante la impactante efectividad de tu presencia. La vida nos ha ido acercando a lo largo de los años, fraguando una íntima relación de dependencia. Desconozco el origen de esta conexión que nos hace irremediablemente inseparables.
¿Qué me impide alejarme de ti? Necesito respuesta a esta inquietud que me aborda cada vez que intento emprender un nuevo día en mi presente.
Y agazapada bajo tu cuerpo me convierto en una sombra que se difumina con vanos amagos de huida, atrapada por el encanto de un beso anochecido. Nuevamente soy víctima del desasosiego de tus labios, siempre amargos, pero que seducen al rozarme el inconsciente sin que pueda ofrecer la más mínima resistencia. No hay lugar para las excusas, ni clemencia en tus manos que ya recorren mi extinguida silueta. Incoherencia de voluntades, entre mis titubeos me subyuga tu existencia.
Cautivada por el beso, es certera tu venganza que atrapa mi intimidad con oscura luz. Está cerca tu victoria, pero no sonrías tanto…
Aún no te he mirado, miedo.
Si has encontrado esta página interesante, puedes enlazarla desde tu web o blog.
Simplemente copia y pega el código del cuadro (Ctrl+C to copy)
Se mostrará así: Prosa poética - Esquivando el Miedo

