Prosa poética - Amor inconcluso
Desde mi ventana la veo pasar sonriente, jugando a la rayuela con la vida.
Ojos grandes, acaramelados, traslucidos, mirada de terciopelo.
Cabellos negros como alas de cuervo.
Labios como frutillas cosechadas en siembra tardia.
Camina como si la llevaran sobre sus hombros todos los Á¡ngeles del mundo.
Eterna, ingróida, diurna, nocturna… lejos de la melancolía, cerca de la luz.
Con sus manos dibuja mariposas en las nubes.
Con su voz sin sonido canta canciones para corazones perdidos.
Música sin notas, vacíos que te acarician, espiral de pasiones inconclusas, que envuelve los cuerpos, y aparta los olvidos.
Se deja llevar como marea al sol poniente.
Una barca que no tiene puerto, que no busca un destino.
Un vestido rojo doblando la esquina.
Un vestido rojo revoloteando al viento.
Lágrimas, tristeza, osadía.
Dulzura que transmuta los sentidos.
Esperanza en calesita de prejuicios y fantasmas abandonados.
Nunca nadie la oyó hablar, pero como dijo el poeta : Mientras callando guarde oscuro el enigma…
Ilusiones encendidas, candilejas de estrellas burlonas, pequeñitas, juguetonas.
Un enigma en mi universo, inalcanzable, esquiva, burlona.
Desde mi ventana, veo su vestido rojo perdiendose en el horizonte.
Quisiera correr, enlazarme a su cintura, aspirar el aroma sensual de su flor naciente… conocer el llanto de la alegría.
En cambio el destino me ha encadenado a esta silla, muriendo cada noche y resucitando al amanecer, rogando que los pilares de la misericordia abracen mi cuerpo herido, y me regalen otro minuto más.
No sabe que existo, no sabe que es una ladrona de almas, y que lleva la mía envuelta en grilletes de espinas.
Al pensar en ella surgen todos los aspectos del amor, que el ingenio de los locos y los poetas han utilizado para destilar las sutiles definiciones de sus filosofías.
Me hundo en el rincón de los sueños rotos, buscando el consuelo de un falso abrazo, a la sombra de este ser que ha fracasado como hombre.
Me quedo con los recuerdos que se avienen, y las imágenes que no se detendrán, con mis fantasías delirantes, con la calma del payaso cuando se quita su maquillaje.
Ilusiones, desgastes de sentires, alegorías que se diluyen, añoranzas que el tiempo cubrirá.
Me quedo con ese falso instante, que mi mente guardará en el cofre de las mentiras.
Desde mi ventana… veo tu vestido rojo en forma de adiós, en el medio de un oasis de ilusión, marcando a fuego y espada todo mi dolor.
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