Fábulas - El Tiempo y La Soledad
Una vez, cuando solo existían el viento, las rocas y seres de los cuales ni siquiera vale la pena nombrar, una pequeña planta emergió, esta empezó a crecer y de ella brotó una mujer, era hermosa, de ondulada cabellera castaña, piel de vainilla, su cuerpo había sido delineado por finísimas curvas, emanaba el aroma mas dulce que haya existido, su rostro era bello, su ser embelezaba a cualquiera, tal fue el caso de el viento y la roca.
El viento le llenaba de coqueterías, la roca en cambio era tímida, y cuando observaba a su mejor amigo el viento jugar y divertirse con ella, la roca sentía algo en su interior que nunca antes había sentido.
Cuando la roca se acercaba a la mujer en un mero impulso de valentía, ella se asustaba debido a que la roca era imponente y brusca inconcientemente. Incluso ni si quiera el viento advertía lo que la roca sentía y poco a poco entre él y la mujer se creó un lazo de amor, eran felices, todo era perfecto, casi todo.
Un día después de que el viento y la mujer pasaran todo el día jugueteando, el viento descansaba mientras la mujer iba a recoger algunos frutos, él lo veía descansar, estaba oculto, había sido silencioso.
Ese día la roca estuvo vigilando desde el amanecer, verlo jugar con ella frente a él solo alimentaba su odio, ese odio que comenzó a acumularse desde que el viento y ella se conocieron, desde que se dio cuenta de que la suerte no estaba a su lado. Se acumuló en una porción tan grande que estalló en su interior, odió a su mejor amigo, lo odió tanto que mientras este descansaba lo golpeó hasta matarlo. El primer golpe lo dejó aturdido y agonizante, la roca se percató de cuan estaba sufriendo su amigo, y de cuan confundido estaba, no tenia ni la mínima idea del porque, la roca se lo dijo, el viento rompió en llanto, la roca también, continuó golpeándolo, su brutal fuerza hizo que apenas el cuarto golpe lo matara.
Estaba arrepentido, el era el culpable, no, era la mujer, toda la culpa era suya.
Ella regresaba con los frutos cuando en el camino se encontró a la roca, inmóvil, viendo hacia ella, comenzó a sentir miedo, la roca empezaba a dirigirse hacia ella, cada vez mas cerca, tiró los frutos y comenzó a correr, no obstante la roca era mas rápida, la roca la mató.
Otros vientos surgirían después, al igual que otros humanos, pero ninguno quería ser su amigo y ningún humano era tan hermoso como aquella mujer. Cada día durante su eterna vida, la roca viviría solamente acompañada por la pena y la soledad.
Relato cortesía de Javier García García, publicado en Liceus.com
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