Drama - Rhin
Hola:
Mi nombre es Rhin, y soy un pastor alemán de pelo largo. Fuí al nacer, el tercero de una camada de cinco cachorros, dos hembras y tres machos. Mi madre era una hermosa “loba” y mi padre un verdadero “campeón”.
De pequeñito, mi madre nos crió a todos, con su leche, hasta que ya fuimos capaces de procurarnos nuestro propio alimento. Tuve una infancia muy feliz, jugando con mis hermanos y aprendiendo los secretos de las peleas (por si algún dia lo necesitaba). Cuando, como os digo ya fuí capaz de sobrevivir por mi mismo, llegé un dia a la casa, de los que en adelante serian mis dueños.
Era una casa preciosa, con jardin, árboles frutales, una alberca donde refrescarme en los dias de calor (que en mi tierra hace bastante) y un terreno de tierra blandita, donde retozar, (aunque no se por qué motivo a mi amo le molestaba que entrara allí y así me lo hacia saber, gritandome enfadado:
-¡ fuera, fuera de ahí !
Y yo como no queria problemas, porque me gustaba vivir allí, pues obedecia , bajando mis orejas y escondiendo mi rabo entre mis patas traseras. Era muy feliz con mi nueva familia.
Se trataba de un matrimonio con seis hijos (dos chicas y cuatro chicos). Todos me adoraban y jugaban conmigo, pero para mí, mi preferido fué desde el primer dia Carlos. Carlos era un muchachote fornido, de hermoso pelo negro ondulado, y tenia unos ojos grandes que me miraban con verdadera ternura. Además el olor que desprendia su cuerpo me hacia sentir seguro. Pasaba largas horas conmigo, y me hablaba, como si supiese que yo le entendia. Así fuí pasando mi primera juventud, entre mimos y juegos, y baños en la alberca, y alguna que otra regañina, por cosas que a mi me encantaba hacer, pero que mis amigos humanos no comprendian.
Pero un dia, ocurrió algo que cambiaria el rumbo de todas nuestras vidas.
Un día, recibimos la visita de un señor, (yo ya le conocia , porque nos habia visitado más veces) Lo recibí cortés y cordialmente, meneando mi rabo armoniosamente, y dando ladridos de bienvenida, pues la verdad es que aquel señor me caia bien. Siempre me miraba con cara de aprobación, me acariciaba y me observaba con atención.
Este dia noté, que estaban hablando sobre mí.
Aquel señor, discutia con mi amo, este negaba con la cabeza, pero el señor seguia insistiendo… Yo estaba muy atento, porque no sabia que pasaba. Al final parece que se pusieron de acuerdo, aunque yo notaba a mi amo triste. Me acompaño al coche de aquel señor, y me obligaron a subir a el.
Los niños no estaban. Sentí, que una congoja terrible se iba apoderando de mi por momentos. Lloré y gemí. Nada. Ladré fuerte, a ver si Carlos me oía y venia a rescatarme. Pero nada…
El coche arrancó, y quise percibir unas lagrimas contenidas en los ojos de mi amo. Recordé entonces las palabras de mi madre antes de que me fuera:
-Hijo mio, tienes que intentar comprender siempre a tus amos. Ellos, a veces, hacen cosas que nosotros no podemos entender. Su vida es mucho más complicada que la nuestra, pero tú confia siempre en ellos. Ellos tambien nos quieren.-
Este recuerdo me tranquilizó un poco, y así continuó mi viaje. Un viaje que se me antojó eterno…
Se hizo de noche, y despues otra vez de dia…Iba muy mareado y hasta vomité dos veces.
Pero aquel señor, tuvo mucha paciencia conmigo, no me pegó por ensuciar su coche, y a partir de entonces paraba de vez en cuando, para sacarme a pasear.
Por fín, despues de horas ¿o dias? de viaje, llegamos a mi nuevo destino. Fuí bien recibido por una mujer (tambien muy cariñosa)y también allí habia jardin.
Pero, yo estaba triste. Me trataban bien, pero yo echaba de menos a mis “verdaderos amos”
Un dia tomé la gran decisión:
Comí todo lo que pude, y bebí toda el agua que admitió mi estomago, y en un descuido del señor mientras metia su coche en la casa, salí arrastrandome, y despues corrí a todo galope, hasta perder de vista la casa.
Al cabo de horas de correr, ya no podía más. Me paré un rato a olfatear a ver si llevaba buen camino. ¡Si!
Yo siempre tenia que correr hacia el sur… Puesto que mi viaje de ida habia sido siempre hacia el norte.
Lo notaba, por la temperatura, la vegetación, la luz…y un largo sin fín de detalles, que quizás un humano no comprenda, pero que mi instinto perruno, y mi sentido de orientación transmitido por mis ancestros durante muchas generaciones, hacía que no me fuese demasiado dificil.
Lo malo era la distancia. Debia de estar a kilometros y kilometros de distancia de mi casa. Así, caminé, corrí, me arrastre como pude, durante dias , semanas, tal vez, incluso meses.
A veces creia que me habia perdido y tenia que esperar al amanecer para volver a orientarme… Pasé hambre y sed, pero podía más el deseo de volver a ver a los “mios”
Comía lo que había , plantas, alguna fruta, también aprendí a cazar, algunos animalillos más pequeños que yo (lo sentía, pero tenia que comer). Afortunadamente, casi nunca me faltaba el agua. Siempre habia alguna fuente, riachuelo, o incluso los charcos producidos por la lluvia, me servian.
Porque por el camino, también me llovió y pasé terribles tormentas , refugiandome donde podía. Pero , todo, todo, lo daba por bien empleado.
Cuando yá casi estaba llegando a mí destino, (como os digo habia muchos signos que me lo indicaban) un dia me caí a un rio. Casi me mato, gracias a unos chavales que se compadcieron de mi al verme tan maltrecho, me ayudaron a salir del agua, y me arroparon con unos papeles que llevaron.
Aún así, yo ya me encontraba muy debil… Pero, de pronto, ¡¡Que alegria!! Aquellos chicos hablaban entre ellos con el mismo acento de voz que mis amos.
Algo me decía que ya estaba cerca. Hice un último esfuerzo, aunque ya me costaba mucho andar. Las almohadillas de mis patas hacia tiempo que habian desaparecido, y en su lugar asomaba la carne ensangrentada, mi pelo ya nada tenía que ver con aquella hermosa y brillante melena, que tanto me adornaba, y mis costillas se podian contar una a una bajo mi piel.
Desde la caida, me costaba respirar, pero no importaba, ya estaba cerca. Lo sabía. Continué andando despacito (ya no podia correr) y cojeando , esta vez, hacia arriba, pues habia caido al rio, y mis amos vivian, más alto, hacia la sierra.
A media mañana de un explendoroso dia, ¡¡ AL fín !! vi a lo lejos mi calle y mi casa.
Me acerqué a la cancela , tembloroso… Quise ladrar, para que mis dueños me oyeran, pero no pude. De mi garganta solo salió un un ahogado gemido. Arañe un poco la verja de hierro y caí extenuado.
Pero, de pronto, oí dentro de la casa una voz que gritaba:
- ¡Es Rhin! ¡Es Rhin!
Era la voz de Carlos, habia escuchado y reconocido mi debil gemido, y salía presuroso a buscarme.
Abrió la cancela y se arrodilló junto a mí. Me acariciaba y lloraba, todo a la vez.
- Rhin, Rhin,
- Has vuelto…
Yo apenas le veia. Veia muy borroso,pero sentia sus calidas manos sobre todo mi maltrecho cuerpo. Quisé saltar sobre el, y lamerle la cara, pero no pude moverme. Mi cuerpo no me respondía.
Solo pude menear debilmente mi rabo, para decirle, que yo también, me alegraba mucho de verle. El, solo repetía mi nombre y me acariciaba. Es lo último que recuerdo. Su cálido olor, su llanto, y mi nombre repetido con infinito amor. Después, mi corazón dejó de latir.
Pero me sentía feliz. Había regresado a mi hogar, y mi amo aún me queria.
Si has encontrado esta página interesante, puedes enlazarla desde tu web o blog.
Simplemente copia y pega el código del cuadro (Ctrl+C to copy)
Se mostrará así: Drama - Rhin

